Perspectiva teórica:
Los planteamientos de cambio
educativo propuestos por el TEBAS, se sostienen en posturas constructivistas
con un corte social, pero que privilegian al individuo como punto de partida
del conocimiento. La calidad de ese
sujeto depende en gran medida de su interacción con su entorno ecológico y
social, que en parte lo constituyen. Esté (1999), reconoce la relevancia de la
comunidad para la realización de dicho “sujeto”. El contexto social pasa a ser
una instancia con la que el individuo se relaciona. Pero una vez más individuo
y sociedad son dos términos que se relacionan e interactúan, otorgándole
calidad de existencia a ambos términos de la relación.
Es
el “sujeto” quien construye y propone, así como es quien emprende y traza las
líneas de acción para la realización de proyectos. La comunidad, los otros, lo
convalidan. Tal postura aunque reconoce la relevancia de lo social en la
construcción de conocimiento, plantea un movimiento de ir y venir hacia lo
social, que me hacen pensar en un dualismo. Las instancias de lo que Esté
(1999), llama Interacción constructiva, podrían comprenderse siguiendo este
ejemplo: El “sujeto” en relación con el mundo, con las cosas, se plantea
problemas que trata de solucionar. Luego de la reflexión individual vuelve al
medio social en el que retroalimenta sus apreciaciones para dar lugar a una
segunda reflexión que puede producir una nueva construcción.
Ese
tránsito hacia “Sí mismo”, supone la existencia de un mundo subjetivo, separado
del conjunto social, del cual se
alimenta y a su vez enriquece por el aporte de su “individualidad”.
Desde
una perspectiva socioconstruccionista (Gergen, 1996ª), el momento de
“ensimismamiento” del que habla Esté (1999), está poblado también de los otros,
sigue siendo un momento de interacción social, pues el lenguaje en el que pone
en forma dicho pensamiento, es en sí una construcción social. Cuando el
individuo habla para participar y deliberar acerca de algún problema, expresa
las opiniones y puntos de vista, producto de su pertenencia a algún grupo
social, familiar, gremial, generacional, demográfico, religioso y político. “El
Sujeto” no escapa a estas condiciones que dejan de ser determinantes o
causales, para ser constitutivas del mismo.
Si
bien es cierto que Esté (1999) asume el
constructivismo reconociendo sus limitaciones y dando importancia capital al
carácter social de las construcciones, también es cierto que la propuesta
pedagógica apunta a la densificación de
ese mundo interior o subjetivo, constituido por lo que llama acervo, en lugar
de esquema o estructura, a fines de escapar de la tradición logicista
y estructuralista de la visión psicológica de Piaget,
incluso de la de Vygostky.
Es
entonces cuando la noción de Dignidad es planteada como propósito principal de
la acción educativa en donde el sujeto es el fundamento (Esté, P. 46, 1995).
Lo
que planteo es ampliar la concepción de la relación desde una perspectiva
socioconstruccionista en el marco del proyecto Educación para la Dignidad, pues
desde esta perspectiva, es en el
contacto con el otro, la discusión y la deliberación en un ambiente
participativo, donde se construyen los propósitos y se plantean las líneas de
acción si ha de considerarse necesario un cambio. La relación con el otro no es
el momento de convalidar el propio pensamiento, sino de ejercitarlo y
conformarlo, pues ese pensamiento no es anterior a la relación, sino que es su
producto (Gergen, 1996ª). Tal planteamiento no puede hacerse en ausencia de los
principales actores del cambio, siendo que en la actualidad y para nuestro
proyecto, los principios y las líneas de
acción derivadas de estos, se han decidido antes de la consulta con los
involucrados. Tal es el caso de los docentes, como actores principales de la
acción educativa.
En
la aplicación del principal programa socioeducativo del TEBAS, Educación para la Dignidad, se pretende
alterar el sistema de relaciones que se da al interior de la clase. El
fundamento de dicho proyecto consiste en pasar de una clase transmisiva a una
interactiva, en donde se aborden asuntos pertinentes y los alumnos ejerzan un
rol más participativo. El foco principal de cambio, es la acción del docente en
el contexto de la clase. El supuesto es que si éste cambia su manera de dar la
clase, orientando sus acciones pedagógicas hacia el diseño de ambientes de
aprendizaje en los que la deliberación y la duda constituyan la médula de la
clase, se genera un cambio sustancial de impacto sobre los alumnos, los
docentes y la comunidad.
Desde mi óptica, este cambio es necesario y parte de un supuesto válido, el carácter construido del conocimiento y la importancia de un cambio en los estilos comunicacionales del aula de clase. Sin embargo, se descuida un aspecto fundamental desde la perspectiva socioconstruccionista. El grado de participación de todos los involucrados, en este caso de los docentes como participantes principales en el proceso de cambio (Gergen, 2001a). Desde una óptica relacional, habría que considerar no sólo la dinámica de relaciones que ocurren en el aula, sino el contexto relacional de todo el sistema educativo en el que se insertan los docentes y del que ellos forman parte. En este sentido, Gergen (2001a, P. 10), plantea que se puede hablar de una organización jerárquica de los participantes del modelo educativo tradicional, derivado de una concepción autoritaria del conocimiento, lo que marca la pauta de ese sistema de relaciones más amplio del que los docentes forman parte.
Desde esta óptica, la mayor autoridad recae sobre aquéllos comprometidos en la producción de conocimiento. Estos son los expertos. Científicos y estudiosos que participan en el diseño de las políticas educativas.
En cuanto al proyecto de
cambio educativo planteado por TEBAS, una de las funciones del promotor
encargado de “llevar” el cambio a las escuelas, es la de modelar las maneras
adecuadas de dar la clase. El docente, por imitación o por aprendizaje vicario,
podrá “aprender” la forma correcta de dar la clase. Gergen denuncia, siguiendo
a Freire el papel del docente en el sistema educativo. Su participación en la
elaboración de los currícula nacionales es nula. Los programas educativos son
elaborados por “expertos”, bien por investigadores de la educación, o
burócratas de oficina. El docente es capacitado por medio de talleres para la
aplicación de los mismos. Su labor se reduce a eso, la de aplicar los programas
que otros elaboran basados en teorías y visiones universales. Tal es el caso de
la última reforma Nacional del año 1997 en Venezuela.
Siguiendo a Gergen (2001a), la imposición de planes educativos estandarizados,
hace que los maestros pierdan su capacidad de reflexionar sobre los problemas
educativos más importantes, impidiendo el desarrollo de sus propias soluciones.
Ahora bien, por años los docentes han tenido dicha labor. No han participado en
su elaboración, han sido entrenados como meros aplicadores. En un sistema de
relaciones en el que ellos son tratados como individuos pasivos, en el que las
líneas de mando son unidireccionales, ¿cómo es posible pretender que los
maestros construyan un ambiente interactivo y participativo si ellos no han
participado de tal experiencia?
Los docentes son supervisados
por la dirección académica de su plantel, y por los supervisores del Ministerio
de Educación. Dicha supervisión vela que el maestro cumpla los objetivos
trazados en los programas nacionales. Para la aplicación de estos programas,
los maestros pasan por un proceso de formación en el que se les capacita para
tal función.
En primer lugar, siguiendo a
Gergen (2001b), la decisión de lo que
debe enseñarse y cómo enseñarse, recae sobre los hombros de unos pocos,
segundo, se parte de los supuestos de que dichos contenidos y metodologías son
aplicables a todos los contextos sociales, independientemente de las
condiciones de su producción.
El
socioconstruccionismo privilegia el aspecto relacional en la producción de
conocimiento. Desde esta perspectiva, nos preguntamos antes que nada: ¿Quiénes
están involucrados en la producción de conocimiento? En el caso de los
programas educativos y las reformas, desde el enfoque construccionista
tendríamos que ocuparnos del grado de participación de los docentes en estos
programas y reformas, y plantearnos cambios más amplios en el que podamos
incidir no sólo sobre la dinámica relacional de la clase, sino sobre el sistema
de relaciones en el que se haya inserto el docente.
El
socioconstruccionismo plantea un giro en la concepción del conocimiento que
permite una comprensión de los problemas humanos situados en contextos
sociales, culturales, históricos y políticos particulares.
Desde
la perspectiva socioconstruccionista el problema del cambio educativo también
tiene que ser considerado en su dimensión política, y no sólo técnica. Siendo
que la participación de los docentes en la construcción del conocimiento
pedagógico, su potenciación como grupo, pasa a ser un propósito fundamental al
plantear un proceso de cambio educativo.